Cuenta la leyenda…

…que los viñedos que rodeaban aquella bodega producían unos vinos tan extraordinarios que todo el que oía hablar de ellos quería conocer el misterio de las uvas y el secreto de su elaboración. En busca de respuestas, muchos fueron los llegados para descifrar los enigmas del lugar. Sin embargo, olvidando finalmente el porqué de su aventura, uno tras otro abandonaron la misión para sencillamente dejarse embriagar por sus encantos. Poco importaban ya las preguntas. Sólo deseaban disfrutar de aquellos vinos.

Pasaron los años y nadie halló una clara explicación a los aromas y sabores que conquistaban los sentidos y distraían la razón. Salir de aquel enclave siempre fue como despertar de un sueño. Cada vez que recordaban sus preguntas, los viajeros volvían para beber de aquel vino y quizás comprender al fin sus secretos, pero una vez más el hechizo se apoderaba de ellos.

Los tiempos cambiaron y la historia se convirtió en leyenda. Los mitos se nublaron hasta caer en las garras de la superstición. ¿Acaso creyeron que se trataba de brujería? El temor infundado acabó clausurando para el mundo los placeres que aquel lugar emanaba. Sin embargo, la tradición de sus vinos no murió. Pasó de padres a hijos, quienes siguieron disfrutando en solitario del fruto de esas tierras y su trabajo. Se sucedieron los años, y al fin ocurrió algo extraordinario: uno de aquellos herederos decidió que había llegado el momento de reencontrarse con la historia y seguir escribiéndola. De reconquistar su propio legado.